“Nada es lo que parece y ojo, nadie lo que aparenta”

Sabía yo que lo normal era conocer a alguien, luego compartir con alguien y luego tomarle aprecio a ese alguien. Pero oye, contigo fue diferente, cuando te vi, cuando te escuche por primera vez, sentí que ya te quería, te pareces a mi, solía afirmar, pero cuán equivocada estaba, así que hoy te quiero menos, no te extrañes si me alejo de ti, que no te sorprenda que pronto llegue a detestarte. Sin embargo tú te lo buscas; definitivamente, no eres lo que aparentas y tu mundo no es el mío, no te conozco, no te quiero, no nos parecemos.




Entonces dí media vuelta y con la inquietud que merecía la escena anterior, le dije que la conciencia existe, le pedí disculpas y simule marcharme.
No creía en eso (de la conciencia), dijo y sin pensarlo susurró un hasta nunca...